Por Héctor Alfonso Otero


El Cambio climático viene a ser el nuevo fantasma que recorre el mundo anunciando la hecatombe. La verdad es que todo lo que se nos ha dicho acerca de cómo la tierra
está experimentando cambios que ponen en riesgo la vida de los actuales
habitantes del planeta es cierto, a pesar del afán de algunos que tratan de
minimizar el impacto que los gases de efecto invernadero y el deterioro de la
capa de ozono ejercen sobre los entornos naturales y la vida urbana. Quienes llaman alarmistas a los científicos
que han revisado los registros por largos años y están viendo la evidencia de
cómo el volumen de hielo en los polos y en los glaciares va disminuyendo, cómo las temporadas invernales y veraniegas
se prolongan y se hacen mas duras, cómo la abundancia de especies marinas se
torna en escasez y depredación, tienen oscuros intereses que están relacionados
con la forma como obtienen beneficios del actual modo de desarrollo de la economía moderna. En efecto, la concentración de la riqueza
cada día e mayor y la inseguridad, incertidumbre y riesgos en que viven las
mayorías de los habitantes de la tierra se torna en la constante de una
modernidad plagada de indiferencia.


Los inocultables cambios que viene sufriendo Gaia, se derivan de nuestro estilo de vida, cada vez más irresponsable y egoísta. El problema no es que el mar aumente su nivel, ni que los insectos como vectores de enfermedades cada vez tengan la
oportunidad de llegar a zonas donde antes no lograban llegar. Ninguna de estas manifestaciones le es
extraña a la tierra, que ha pasado por épocas muy duras y siempre a logrado
encontrar su destino. Las especies
también se irán adaptando y la selección natural seguirá su camino premiando a aquellos
seres que se adapten con eficiencia y rapidez.
La tierra no se acabará. La
tierra cambiará su aspecto, tal y como lo hacen hoy por hoy muchas niñas que
creen que ser mujer es tener más acá y menos allá. Lo que estamos poniendo en riesgo no es la
tierra, sino nuestro estilo de vida. Solo
si entendemos que el modelo que estamos reproduciendo y tratando de vender en
el mundo, de una sociedad con un afán gigantesco de dominar la naturaleza, sin
a cambio conceder que ella necesita de cierto equilibrio y de una gran mesura,
para poder mantener la oferta ambiental que nosotros necesitamos.


El tiempo que la especie humana va a durar en la tierra dependerá de ella misma, ya lo dijo Gorgecu Roegen, la entropía es una ley inexorable y la pérdida de orden y de calidad de los recursos es una realidad
evidente para cualquiera que haya visto la oxidación, que la haya hecho
seguimiento a las reservas minerales o que haya pasado frente a un relleno
sanitario. Si los hombres quieren que
sus descendientes perduren sobre la faz del planeta van a tener que medirse en
el consumo, si lo que quieren es una vida placentera para sí mismos y no
quieren saber nada de quienes vienen más adelante, pueden continuar al mismo
ritmo. El problema se torna en esencia
ético. El egoísmo que la sociedad
moderna exhibe y promulga, solo ha terminado por agudizar los problemas
ambientales, la sed de petróleo está acabando con muchas especies marinas
(Exxon Valdez, Prestige, Deep Horizon, etc.), la ambición ha desarrollado un
industria de la guerra que se alienta por los vendedores de muerte, la avaricia
lleva al tráfico de seres humanos y la inseguridad convierte a cualquier
extraño en un forajido… y mientras tanto
van cayendo al paso de estos grandes señores de nuestro capitalismo moderno
los bosques, los ríos, los mares, las bellezas naturales, los cientos de
especies que perdieron su hábitat y todas reservas de minerales útiles,


El cambio que debemos buscar no es el de los remiendos a unos males irreversibles, ni medidas para reducir el ritmo de desaparición de los glaciares o carbono neutralizar las extravagancias de los multimillonarios,
sino modificar nuestro estilo de vida y cambiar nuestros modelos y
paradigmas. No se trata de ser el más
rápido y el más furioso, sino el más responsable y respetuoso, no se trata de
ser el más rico en divisas, sino el que mayor cantidad de problemas ayude a
resolver al colectivo, no se trata de consumir, sino de sacarle el jugo a los
miles de placeres que nos ofrece la naturaleza y que no implican quitarle nada
a nadie. Definitivamente buscamos como
ya alguien lo hizo al hombre nuevo.

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Comentario

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Comentario de KLN el junio 3, 2010 a las 9:28am
Alfonso, gracias por tu comentario, muy pertinente, tienes algún texto de Geogescu Rogen en español sobre eso de la entropía en la ciencia económica? Saludos

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