LBA: el proyecto científico de la Amazonia que puede extenderse a Colombia.

Publicado por Manuel Guzmán Hennessey en www.razonpublica.com



Para escribir sobre el bosque amazónico he desandado los caminos de mis tiempos lejanos. Y hurgando en los anaqueles de la memoria alcanzo a recordar, entre gallos y medianoche, el aroma vegetal de aquella selva. Yo tenía veinte años, y el paraíso terrenal donde vivieron —al parecer felices— Adán y Eva, no era aún para mí lo que es hoy: éste recuerdo. Sino una historia posible que había tenido que aprender en la primaria, como parte de un currículo que poco después se abolió, pero que el Gobierno del presidente Uribe volvió a reciclar, como guía religiosa para la educación de nuestros niños en pleno siglo diecinueve.
Perdón, veintiuno.
Pero como no escribiré sobre el dislate educativo que consiste en enseñar a los niños la mitología como si fuera historia, sino sobre la selva amazónica, retorno a ella. Y puedo sentir sobre mi cabeza la algarabía de unos micos desesperados por la súbita invasión de un batallón de cadetes, que habíamos ido allí para pisar lo que entonces no sabíamos muy bien que estábamos pisando: el territorio selvático tropical más importante del mundo.
La peligrosa ignorancia de nuestros veinte años no impidió conocer que nos encontrábamos en una región esencial para la vida del Planeta, que albergaba el mayor nivel de biodiversidad de la Tierra. Recuerdo que al caminar había que dejar señales para el regreso, pues el pasto crecía tan rápido que borraba nuestras huellas, y nos podíamos perder. Es cierto que por aquellos años, los setentas, buena parte del bosque amazónico, no había sido aún tocado por el hombre.
Hoy, para escribir esta nota, he buscado el dato de la ocupación y deforestación atribuida al hombre, y al comprobar que esta cifra corresponde al 47%, he buscado la extensión que tiene la selva amazónica, y me he sobrecogido de tristeza y vergüenza al comprobar el tamaño de la destrucción: la cuenca del río Amazonas tiene 6.4 millones de kilómetros cuadrados!. Es la más grande cuenca hidrográfica del mundo, y limita con nueve países. Su dinámica hidro-climática ejerce una influencia significativa sobre la región y el continente, debido a sus conexiones atmosféricas con los océanos Atlántico y Pacifico tropicales, y con la cuenca del Río de La Plata, en la Argentina. La dinámica hidro-climática de la cuenca Amazónica influye en la estabilidad climática de la región y del planeta, puesto que ella provee servicios ecosistémicos relacionados con su carácter de bosque húmedo tropical, como el enfriamiento de la temperatura a través de la evapotranspiración, la protección contra inundaciones y el albergue de biodiversidad.
Casi la mitad del bosque amazónico ha sido ocupado para diversos usos, y ello repercute, según James Lovelock, en la dinámica de la respuesta climática que ese pulmón podía ofrecer, para la regulación del gran sistema de la Tierra y la atmósfera. Voy a su libro “La Venganza de la Tierra”, que cito con frecuencia, y me planto en una fotografía que muestra la selva amazónica en la región de Anapu, al norte de Brasil. El pie de foto dice: La Amazonia desaparece a un ritmo de 20.000 kilómetros cuadrados anuales, el equivalente a dos veces la extensión de Asturias.
Lovelock ha dicho que el aumento de las temperaturas convertirá algunas regiones en desiertos, y hará ascender el nivel del mar, sumergiendo otras zonas terrestres. Ha estimado que la población mundial podría caer desde los siete mil millones que ya casi somos —mal contados— hasta los mil millones de habitantes, en el año 2100, debido a que la gente competirá por hacerse con los escasos recursos naturales que para entonces aún habrá en un Planeta desértico y caliente. "Habrá muerte a gran escala por la hambruna y la falta de agua", escribió. Si la población del mundo puede reducirse a mil millones de habitantes en el año 2100 quiere decir que la desaparición de seis mil millones de personas corresponderá, en tal escenario, al mayor desastre que ha vivido la historia de la civilización humana.
En el diario El País de Madrid (2007), le preguntaron a Lovelock que si él decía estas cosas para que le creyeran, que si estaba exagerando en sus nefastas predicciones sobre el futuro de la humanidad. Y contestó que no, que él sólo se limitaba a interpretar, en lenguaje del común, los datos del último informe del Panel Intergubernamental de cambio climático, un organismo del más alto nivel técnico conformado por más de dos mil quinientos científicos de todo el mundo.
Uno de ellos, el doctor Germán Poveda Jaramillo, me contó sobre los avances de un proyecto de enormes proporciones, que tiene su base en el Brasil, y que se conoce entre la comunidad científica como el Experimento de Gran Escala de la Biosfera-Atmósfera en la Amazonia, llamado LBA. Poveda estuvo en la Universidad del Rosario, donde pudimos escucharlo en el I Encuentro Internacional de Cambio climático. El forma parte del grupo científico directivo de LBA, y como miembro que es del Panel Intergubernamental de cambio climático, es uno de nuestros científicos de honor.
Pero antes de entrar en la selva amazónica, citaré textualmente a Lovelock, y luego a Antonio Elizalde, quien también estuvo en la Universidad del Rosario. Lovelock dijo en la entrevista para el diario El País: Estoy convencido de que se acerca el fin de la civilización y del mundo tal y como la conocemos. La Tierra seguirá viviendo tranquila, pero la población humana va a ser reducida a un 10% o 20% de lo que es ahora mismo. No exagero para nada. Si usted lee lo que digo en el libro (se refiere a La Venganza de la Tierra, Planeta, 2007) verá que no hay ni un solo dato que no esté avalado por el trabajo exhaustivo de los expertos de la ONU. La única diferencia es que ellos no utilizan el lenguaje sencillo que uso yo, porque se trata de un informe técnico. Pero lo que están diciendo, por poner un ejemplo, es que para la mitad de este siglo, cada verano será tan insoportablemente caluroso como el de 2003. Puede que la gente pueda aguantar esto con aire acondicionado, pero las plantas no.
Antonio Elizalde se cuestionó, en la Universidad, sobre la idea de que el consumismo es una enfermedad terminal de la cultura humana, y sugirió, a mi juicio, que esa cultura y esa civilización, están postradas en su última cama, como consecuencia de no haber podido dominar un virus que la carcome por dentro: la filosofía que orienta su idea de progreso. Pero esa civilización arrinconada por el cambio climático global, juzgará que no ha cometido ningún error al haber depredado media selva amazónica. Porque el principal problema de esa sociedad no consiste en que no vio lo que estaba sucediendo, sino en que no vio que no vio. Ceguera epistemológica dice Elizalde. Es lo que nos enseña Lovelock: las evidencias y las consecuencias, en el sistema Gaia, de no haber visto y de no habernos dado cuenta, a tiempo, que estábamos ciegos sobre nuestra equivocada manera de concebir el progreso.
El Proyecto a gran escala sobre la selva amazónica constituye, a mi entender, el más ambicioso plan de buena parte de la civilización humana, por rectificar su desdén en mirar los problemas complejos que competen al ambiente y al desarrollo. Conocer a fondo, lo que en aquel territorio gigantesco, está sucediendo, representará para la humanidad, por lo menos, la primera parte de la improbable solución al problema climático, relacionado con la amazonia. Esa primera parte es un mapa cognitivo borroso de gran complejidad. Y ya entro a explicar en qué consiste.
El alcance que este proyecto tiene para el conocimiento de esta región amenazada no se conoce suficientemente entre nosotros, a pesar de que tiene que ver, no sólo con nuestra propia geografía, sino con nuestra economía.
Se trata de una de las experiencias científicas más importantes del mundo, donde confluyen diversos organismos de la cooperación internacional, presididos por el INPA (Instituto Nacional de Investigación de la Amazonia). Allí se desarrolla el conocimiento, con base en una ciencia de punta (aviones con percepción remota, laboratorios en red, satélites, torres con sensores) que definirá la viabilidad de buena parte del propio Planeta Tierra, en relación con el aporte del sistema amazónico. Baste decir que en el LBA hay más de mil investigadores brasileños y más de ochocientos repartidos entre los demás países de la cuenca del gran río, que participan del proyecto, y también de Estados unidos y ocho países europeos. El LBA contribuye hoy con la formación de cerca de 400 especialistas, 200 de los cuales cuentan con maestrías y 200 con doctorado, en alguna de las áreas del conocimiento relacionadas con el gran objetivo del proyecto.
Cuál es este objetivo? Trataré de decirlo en una sola frase: abordar la Amazonia como un sistema y elaborar un conocimiento científico actualizado sobre su dinámica relacionada con el sistema físico de la Tierra.
Un enfoque Gaiano, diría Lovelock, que contempla la interdisciplina para el conocimiento de los problemas globales y facilita la múltiple retroalimentación entre todos los saberes que participan en la elaboración del conocimiento.
A partir de centenas de estudios, este proyecto se aproxima a comprender el funcionamiento del ecosistema amazónico desde sus aspectos climatológicos, ecológicos, biogeoquímicos e hidrológicos, evaluando el impacto de los cambios en el uso de la Tierra y explicando las interacciones entre este poderoso ecosistema y el gran sistema geofísico de la Tierra.
Hay unos grandes temas: los ciclos del agua, los flujos de las energías, el comportamiento del carbono, el aumento de los gases de efecto invernadero, la atmósfera y los cambios en el clima. Y unas grandes áreas del conocimiento que guían las investigaciones desde las ciencias duras: la física, la química y la biología.
Los capítulos específicos de estudio, mediante los cuales se aterriza el objetivo de LBA, son los siguientes:
• la física del clima, que contempla los temas de los flujos de energías y agua en el tiempo y en el espacio, mediante investigaciones hidrológicas y metereológicas;
• el estudio del almacenamiento e intercambios de carbono, que toca la cobertura vegetal de la selva y el papel que cumplen los árboles como grandes almacenes de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero, también se aborda el tema de cuánto carbono es liberado cuando se quema la selva y se transforma en pastizales;
• el estudio de la biogeoquímica amazónica, que aborda el problema desde las ciencias particulares de la Tierra y la vida, y toca aspectos como el reciclaje de los nutrientes de las plantas, los aportes de nutrientes desde la atmósfera y los aportes de nutrientes desde la atmósfera y las emisiones originadas en los bosques primarios y secundarios ;
• la química atmosférica, que estudia los cambios ocurridos en la atmósfera y los factores climáticos y meteorológicos que intervienen en la dinámica climática actual, aquí se estudia el problema de la influencia del Amazonas en las concentraciones globales y locales de ozono y el tema del vapor de agua, y de otros gases y aerosoles, que forman micropartículas en suspensión, que intervienen en la condensación que da origen a las gotas de lluvia.
• La hidrología y la química del agua de superficie, que abarca la dinámica de los ríos, los temas de contaminación y pérdida de los recursos hídricos
• los cambios del uso de las tierras y de la cobertura vegetal, que aproxima el objetivo del proyecto a sus aspectos sociales y económicos relacionados con las poblaciones que hoy ocupan el territorio amazónico
• y, por último, el estudio de las dimensiones humanas, tema transversal a todos los anteriores, que se ocupa de los cambios ambientales ocurridos como consecuencia de la ocupación humana, y que abarca amplios aspectos relacionados con la vulnerabilidad y la movilidad de las poblaciones, en el contexto del fenómeno climático que hoy vivimos.
A partir de tales capítulos se han podido abordar tópicos sobre los cuales existe hoy un mayor nivel de datos y certezas: los volúmenes de dióxido de carbono liberados como consecuencia de las desforestaciones amazónicas, la capacidad de absorción de dióxido de carbono atmosférico por parte de la gran masa vegetal de la región, el nivel global del aporte que como sumidero de carbono, puede ofrecer al mundo, la Amazonia, el comportamiento de los niveles de radiación solar sobre la superficie de los cauces de agua, la compactación de suelos y su consiguiente reducción de las tasas de infiltración de las aguas pluviales, el descenso de los niveles freáticos, y los cambios observados en la disponibilidad de nutrientes en los suelos y en las tasas de transferencia de nutrientes y de carbono hasta los cuerpos de agua.
Y una última cosa: Brasil es nuestro vecino amazónico, pero a años luz está, en materia de ciencia, tecnología y medio ambiente. El propio boletín de LBA trae una noticia fresca: su producción científica aumentó el último año un 56%, y pasó del puesto 15 al 13, en el ranking de artículos publicados en revistas especializadas.
El LBA cumplió en 2008 su primera etapa, y ha sido institucionalizado como proyecto del Estado brasileño. Y algo más, quiere extenderse a la región andina. El doctor Poveda ha sido comisionado para que lidere una iniciativa orientada el establecimiento de un programa de investigación, con un espíritu similar a LBA, en los demás países Amazónicos.

Pregunto a los lectores: ustedes creen que Colciencias ha hecho gala de su nuevo papel —que le otorga la Ley de Ciencia— para apoyar esta iniciativa? Si la respuesta es sí, como supongo que debe ser, lamento comunicarles que están equivocados.
Señor director de Colciencias, lo que LBA puede hacer en nuestro país, se lo resumo así: A. estudiar los impactos del cambio climático sobre los ecosistemas andinos de glaciares, páramos, punas y bosques de niebla, y su impacto sobre el ciclo hidrológico y el suministro de agua. B. Analizar el riesgo y la vulnerabilidad, degradación ambiental y pobreza en las ciudades Andinas. C. Estudiar los balances de agua, energía y carbono en el sistema Andes/Amazonía, y sus factores de retroalimentación sobre varias escalas espacio-temporales, y sobre los efectos del cambio climático global, la deforestación y la variabilidad ambiental.
Si lo anterior le parece importante, llame al doctor Poveda Jaramillo, pero antes dese una pasadita por www.lba.cptec.inpe.br.

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